Archive for 29 febrero 2008

Lavar la arena del arroyo

su rostro
como una flor de loto
se abre en una sonrisa

el pato de jade del pebetero,
su aroma, vuela hasta su mejilla
también perfumada

mirada de olas que,
apenas se turban,
traslucen sus pensamientos

de perfil
con un gesto profundo
lleno de gracia y de encanto

ella escribe sobre un papel
el secreto de su corazón:

“cuando la luz de la luna desvíe la sombra
de todas las flores
amor mío,
regresa”

Autora: Li Quingzhao (Poemas de la separación)

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Un relámpago

Un relámpago
y el grito de la garza,
hondo en lo oscuro.

Admirable
aquel que ante el relámpago
no dice: la vida huye.

Autor: Bashô, en Sendas de Oku. El haiku rechaza la evidencia, por eso, como decía Chikamatsu, lo primordial no es decir de algo “es triste”, sino transmitir la sensación de tristeza. En la capacidad de sugerencia radica la belleza del haiku. De su breve relámpago se dirime la lentitud de la tormenta. (Citado -el poema y el comentario- en Hana o la flor del cerezo, de J. M. Rodríguez).

Sólo con su perfume

Sólo con su perfume
responden los ciruelos
a quien rompe la rama.

Autora: Chiyo-Ni (1701-1775) Está considerada como una de las más grandes poetas del haiku. Veinte años antes de su muerte, se hizo monja budista tras dejar escrito: “Sin renunciar a este mundo, quisiera enseñar a mi corazón, que fluya noche y día, como el agua clara”.

Para los noctámbulos…

Al alborear, aunque sé que
volverá a obscurecer,
¡cómo detesto el día que nace!

Autor: Fujiwara no Michinobu. Michinobu nació en el año 973. Llegó a ser teniente general y un poeta prometedor, pero murió con tan sólo veintidós años. Mi imaginación me lleva a deambular por los rincones de su corazón… ¿por qué amaría tanto la noche?… nunca llegó a ver una luna del año mil… ¿se vería con su amante en la oscuridad?…

Akenureba
kururu mono to wa
shiri nagara
nao urameshiki
asaborake kana

Silencio

Nadie habló,
el anfitrión, el huésped,
los crisantemos blancos.

Autor: Ryôta. El silencio es hermoso. Dejémos que pase por la blogosfera, pero sin instalarse en ningún espacio, fluyendo de aquí para allá, por momentos…